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viernes, 8 de junio de 2012

Relato Nº 7 de Guillermo Muñoz Pedrosa

Locura libertadora.
El día amaneció oscuro y lluvioso para Henry. A través de su celda, pudo ver como caían las gotas de lluvia mientras el fuerte viento empujaba las hojas de los árboles, y por su rozamiento con el agua generaba los primeros rayos de la tempestad. No había mucho más que ver. A parte de ese espectáculo meteorológico solo pudo ver su celda.
Henry se echó en su cama y vio el techo blanco de aquella jaula de psiquiátrico. Estuvo así un rato, hasta que la puerta se abrió y entraron dos celadores del sanatorio. Lo levantaron de la cama y lo llevaron por los pasillos. Llegaron a una sala amplia con varias sillas y mesas, y un segundo piso, con una pequeña sala de seguridad cubierta con un cristal reforzado.
Los celadores dejaron a Henry en aquel lugar, y tras marcharse, cerraron la puerta con llave. Henry vio a un hombre sentado frente a una mesa. Se sentó enfrente de él.
Hola…Saludó Henry.
Hola Dijo aquel extraño hombre sin mirarle Así que tu eres el pardillo que han traído para esta terapia.
–¿Terapia?... ¿Qué terapia?
Estos idiotas creen que si los pacientes se cuentan sus historias y lo que les pasó para acabar aquí, sanarán mejor y más de prisa Saco de su bolsillo una caja de cigarrillos Es una estupidez en mi opinión, pero al menos, en esta sala dejan fumar
No, gracias, no fumo A pesar de eso, aquel hombre no le había pasado la caja de cigarrillos. Miró a su alrededor y vio la sala del segundo piso ¿Y esa sala?
Desde ahí nos está controlando el psiquiatra que dirige este experimento Le miró fijamente a los ojos Me llamo Geoffrey John Parker, y mi historia y la tuya me importan una mierda Dio una calada al cigarro.
–Pero, entonces, ¿cómo nos ayudará esta terapia?
A mi me la suda. No estoy aquí para escuchar las penas de ningún gilipollas de manicomio Dio otra calada a su cigarrillo Dime, ¿De qué te han diagnosticado esos hijos de puta?
Me… me dijeron que padecía de alucinaciones, trastornos psicóticos y paranoillas.
Y por supuesto, no tienes nada eso Miró a Henry mientras sacaba otro cigarrillo para sustituir el anterior Hace ya años que no encuentro una historia decente para matar el tiempo en este estúpido lugar. A ver si la tuya es lo suficiente buena como para entretenerme y que no me entren ganas de matarte.
–Yo… yo no debería estar aquí, este no es mi sitio.
Todos los chalados dicen lo mismo. Cada día me aburro más.
¡Hablo en serio! Dijo Henry en un tono más alto Yo solo era un profesor, y me metieron aquí acusándome de cosas que no hice.
¿Vas a estar divagando así todo el día? Dijo Geoffrey mientras le daba otra calada a su cigarrillo Empieza de una vez.
Había solicitado un puesto como profesor de literatura en la escuela de secundaria Heaven Heights, para niños de familias ricas Comenzó Henry su relato Me presenté hace dos días en aquel lugar para ocupar mi puesto. Todo el personal me trató bien, hasta el director me dijo “Amigo, es usted una gran adquisición por parte de esta institución. Es un placer para mí decirle que está admitido. Bienvenido al grupo” y me estrechó la mano. Tras eso, ordenó a su secretaria que me llevase a mi primera clase, donde conocí a mis alumnos, unos chicos excelentes todos.
Menudo comienzo más plomo Dio otra calada al cigarro Dale marcha, que me aburro.
Me puse a explicar los grandes clásicos de la antigüedad en los que se basa nuestra cultura actual. Los niños atendían, y estaban muy emocionados. He estado en muchas clases, pero sin duda esa fue la mejor que tuve. Solo había uno que parecía estar siempre mirando a las musarañas. Cada vez que lo veía, estaba triste o enfadado y muchas veces parecía hacer como que le dolía la cabeza. Pregunté en la enfermería sobre aquel chico y me dijeron que era hipocondríaco, que siempre sentía que estaba enfermo.
»Un día me acerqué a él y le pregunté que le pasaba, y efectivamente me respondió que sentía que enfermaba, pero parecía algo preocupado por algo, “Todos los estudiantes están enfermos” me dijo “Estudiantes, profesores, bedeles, guardias de seguridad, todos” trate de preguntarle a que se refería, pero solo me contestó que ya lo averiguaría y que después lo olvidaría.
Eres un plomo de tío, ¿lo sabías? dijo Geoffrey mientras bostezaba. Cogió otro cigarrillo y volvió a fumar La primera terapia y estás siendo un auténtico coñazo.
Ya va, ¡pesado!, que no tienes paciencia ninguna.
Ese comentario hizo que Geoffrey cambiase a una mirada más agresiva, pero le dio otro par de caladas a su cigarrillo y no se puso en plan agresivo. Henry vio que ya llevaba más de media caja.
Como iba diciendo, no entendí que era lo que había querido decir aquel crío Continuó Henry Me quedé dándole vueltas toda la noche, sin poder dormir.
»Salí de mi habitación y fui al cuarto de baño, para ver si lavarme la cara me permitía dormir. Entonces vi como dos enfermeras se llevaban a un chico “¿Se encuentra mal?” les pregunté. Se me giraron y me miraron de manera extraña, como si estuvieran hipnotizadas “No se preocupe señor” dijo una “Solo lo llevamos para un chequeo rutinario. Todo irá bien” No supe que responder, esa cara inexpresiva y esa mirada hipnótica me habían aterrado. Fingí que me iba a mi cuarto, cuando ellas continuaron con su camino y me decidí a seguirlas. Ellas no fueron a la enfermería. Se dirigieron al sótano, donde se suponía que nadie debía ir hasta que terminasen las obras. Me escondí entre unas cajas de material de obra y vi como encerraban al pobre chaval en una habitación. Cuando volvieron a subir las escaleras, me asomé a aquella estancia. Parecía un quirófano. El niño estaba atado y enfrente había un científico, con una bata blanca y una especie de máscara de gas que le cubría la cara.
Así que un científico dijo con un cigarro nuevo en la mano.
–Sí, era un científico, que no tramaba nada bueno. Observé asustado lo que ocurrió a continuación. Sacó un extraño recipiente con una cosa asquerosa en su interior, como una especie de babosa, y se la introdujo a aquel crío por la boca. Aquel niño comenzó a gritar de dolor, a retorcerse dentro de la cama, hasta que de pronto, se detuvo y cayó inconsciente. Al despertar tenía la misma mirada que las enfermeras, como si lo acabasen de hechizar. Dirigió su mirada hacia la puerta, como si me estuviese viendo, y comencé a oír pasos que venían hacia mí.
»Subí de nuevo las escaleras, y me encontré a todos, desde profesores y alumnos hasta personal de la limpieza que me miraba con la misma cara hipnotizada. Me asusté y salí corriendo. Fue entonces, cuando vi de nuevo al muchacho hipocondríaco. “Se la forma de salir de aquí, pero tienes que hacer lo que te diga” me llevó a la enfermería a toda prisa, con aquellos seres pisándonos los talones. Buscó una carpeta y me la dio “Busca mi nombre y lee el diagnóstico” traté de preguntarle a que se refería, pero solo lo enfurecí y me sacó un arma. Me dejó claro que si no lo hacía, me mataría y se camuflaría entre los seres que nos perseguían. Busqué su nombre “Implante de la larva, resultado, positivo, pero retardado” dije “Evolucionará positivamente en unos cuantos meses. Hasta entonces, se le debe vigilar con precaución” Tras esto, bajó el arma y me condujo a un conducto de basura. Salté y cuando llegue abajo me dijo que corriera, que no mirase atrás. Después de eso, solo oí un tiro.
»Me alejé de aquel lugar lo más rápido posible, pero la policía me encontró y me detuvo. Tras oír mi versión, me declararon incapacitado mental y me trajeron aquí.
Bueno, ha sido un rato mejor de lo que esperaba. Algo entretenido Dijo, y aparecieron de nuevo los celadores. Cogieron a Geoffrey y a Henry y los sacaron fuera Quizás te de una recompensa, quizás no.
Henry se pasó despierto toda la noche. Miró a su alrededor. Solo vio las blancas paredes de su celda y parte del paisaje que se veía a través de su ventana. Dio vueltas en la cama durante algún tiempo, mientras oía el sonido del viento y los pasos de los celadores por el pasillo.
De repente, oyó un grito fuera de su celda. Se acercó a comprobar lo que estaba pasando y vio a Geoffrey atacando a un celador. Lo cogió por el cuello y lo estranguló hasta matarlo. Después fue a la celda de Henry y abrió la puerta.
–¡Ven vamos!– Dijo Geoffrey– ¡Nos largamos de aquí!
¡¿Pero qué has hecho?! lo miró fijamente.
–¡No hay tiempo, tenemos que irnos, ya! cogió a Henry por el cuello y se lo llevó con él. Hizo sonar la alarma de incendios, para que se abrieran todas las puertas de las salas de los pacientes.
Se formó un caos impresionante. Los celadores y los demás guardias de seguridad intentaban contener a todos los pacientes que atacaban furiosos o paranoides, dando gritos y alaridos. Geoffrey y Henry pasaron en medio de la confusión, evitando a los enfrentados. Llegaron a la salida de emergencia, que estaba abierta por la alarma de incendios. Salieron del sanatorio y se alejaron cuanto pudieron dentro del profundo bosque. Se detuvieron al lado de un estanque para descansar.
Gracias, tío dijo Henry Te debo una por todo esto.
Aquel chico, ¡¿Qué pasó con él?!
¿Qué dices? Henry lo miró extrañado ¿A qué viene esa pregunta ahora?
¡¿Que qué pasó con él?! Lo cogió del cuello.
¡No lo sé! Dijo Henry intentando empujar a Geoffrey, cuyas manos le dificultaban la respiración ¡Solo oí… un tiro, y… nadie bajó detrás de mí! Geoffrey apretaba con más fuerza ¡Es la verdad… te lo juro!
Paró de estrangularle y lo miró fijamente, con una cara sonriente.
El chico se suicidó dijo Geoffrey.
¡¿Qué?!
Lo que has oído apareció un misterioso informe de la policía Lee atentamente.
Henry cogió el informe: “El estudiante de catorce años, Geoffrey John Parker, se suicida en la enfermería. Tras haber arrebatado la pistola al guardia de seguridad, se encerró en la enfermería y se metió el cañón de la pistola en la boca. La muerte fue instantánea, la bala atravesó el cerebro. Se cree que el fugitivo Henry James O´Connor, recientemente incorporado al equipo de profesores, pudo haber incitado al chico a suicidarse, tras haberse encerrado en la enfermería con él y escapar poco antes del suicidio”
Espera… Henry miró a Geoffrey alucinado, mientras este hacía desaparecer el informe Tu… tu eres aquel chaval.
Puede… mírate las manos Henry bajo la vista hacia sus manos. Estaban manchadas de sangre reciente Un celador muerto en tu estela.
N-No es posible Henry retrocedió Estás en mi mente… eres una ilusión.
Estoy en tu mente, pero eso no quiere decir que no sea real Dijo mientras sacaba un cigarro. Oyeron pasos acercarse a lo lejos Mejor que corras Henry, si no quieres que te pillen.
Henry corrió como nunca lo había hecho. Se internó más y más en el bosque, esquivando las raíces y los troncos que había en el suelo, mientras oía cada vez más lejos los pasos de los perseguidores. El cansancio y el miedo le hicieron perder el conocimiento y caer rendido.

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